Mérida, Venezuela.

Lideresas Políticas venezolanas: ¿Mujeres simbólicas?

El siglo XX en Venezuela da cuenta de un buen número de conquistas y avances sociopolíticos que abrieron las puertas a una creciente participación de la mujer en la vida pública de nuestro país. El otrora confinamiento exclusivo de ésta a lo privado ha ido progresivamente quedando atrás gracias a las vindicaciones conquistadas por las activistas venezolanas y del mundo. El papel influyente del activismo transnacional y el de las organizaciones internacionales queda evidenciado en la correspondencia diacrónica de las luchas y logros del movimiento feminista venezolano con los planteamientos exigidos en las diferentes Conferencias y convenciones internacionales. 

Sin embargo, pese a que ha habido importantes avances en materia de derechos económicos, políticos y sociales, no cabe duda de que el activismo feminista venezolano aún tiene un largo camino por recorrer para alcanzar la plena igualdad, la igualdad sustantiva.  Aguirrezabal (2014), insiste en la importancia de identificar la interdependencia de los tres ámbitos fundamentales para el pleno ejercicio de los derechos de la mujer, dado que los logros que se alcancen en un área tendrán impacto sobre la otra. De esta forma, una vida libre de violencia, que ofrezca seguridad y libertad dependerá a su vez de los recursos y oportunidades para poder elegir, y éstas, a su vez, estarán estrechamente relacionadas con la capacidad de la mujer para influir y decidir, es decir, su capacidad para tomar decisiones en el ámbito público y privado. De aquí la necesidad de incrementar la presencia, aún minoritaria, de la mujer en los espacios de poder. 

Los avances en este sentido pudieran considerarse incipientes ya que se limitan a nuestro texto constitucional. La expectativa feminista sobre la transversalización de género en todo el ordenamiento jurídico venezolano, luego de la promulgación de la Constitución de 1999, es aún un anhelo.  Muchos de los logros de décadas anteriores han experimentado retrocesos. Tal es el caso de la cuota de participación femenina del 30% introducida en la Ley Orgánica del Sufragio, en 1997, que fue derogada, en el año 2000, mediante una resolución del Consejo Nacional Electoral, quien decide, por Decreto Ley del Presidente de la República, desaplicar el artículo 144 de la mencionada Ley por considerarlo inconstitucional, con la anuencia de la presidenta de INAMUJER, de entonces, quien justificó la medida con la promesa gubernamental, aún incumplida, de aplicar un 50%/50% más adelante (García Prince, 2012). Aunque paradójicamente, en 2008 y 2015, ese ente dicta, a manera de resoluciones, la exigencia de paridad del 50/50%, la medida precedente había perjudicado indudablemente ese logro cuota, degradándolo de ley orgánica a simple resolución. En la misma medida, García Prince (2012), afirma que la Ley Orgánica de Procesos Electorales, de 2009, omitió la norma de paridad. Esta autora señala, igualmente, que la Ley de Partidos Políticos en Venezuela, en teoría actualizada en 2010, es una “ley envejecida y casi primitiva”, muy lejos de regular a los partidos en cuanto a representación, por tanto, muy lejos de conceptos de paridad de género.   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Las lideresas deben hacer frente aún a una estructura que les relega constantemente a un segundo lugar y que propicia la violencia política. La cultura sexista que aún insiste en etiquetar a las mujeres como el sexo débil, incapaces de ejercer autoridad, predestinadas a las labores privadas del hogar e hijos, y que deja lo público, el poder político, en manos exclusivamente masculinas, genera resistencias. De este modo, se desplaza a la mujer a trabajos de base o relleno, en el caso de los partidos políticos, o a desempeñar roles poco influyentes en materia de decisiones políticas trascendentales, roles “de mujeres simbólicas o token women” (García Prince, 2012), en el caso de las instituciones.  

 Por este motivo, parte de las estrategias sugeridas por ONU MUJERES, en relación con el empoderamiento de las mujeres en la política abarca, en el marco del mainstream de género, la aplicación de medidas afirmativas para asegurar la paridad de género en los procesos electorales, la creación de unidades técnicas de género en todas las instituciones, además del apoyo económico estatal a las campañas y actividades de las mujeres políticas. Plantea, asimismo, la sensibilización de los partidos políticos en materia de género para lograr que a futuro no se requieran medidas afirmativas de presión. 

 Si bien es cierto que el número de femócratas y legisladoras provenientes del activismo feminista  se incrementó vertiginosamente en las últimas décadas en nuestro país, es también cierto que se requieren aún más mujeres en los espacios de toma de decisiones para lograr una verdadera transversalización del enfoque de género en todos los ámbitos del Estado, y para generar, de este modo, políticas públicas bajo esta premisa.  Es por esto que creemos en que la concientización acerca de la necesidad de una representación paritaria nos acercará aún más al ideal de igualdad plena.   

En este sentido, nuestra organización luego de asumir esta necesidad como prioridad fundamental, plantea como líneas estratégicas de acción la observación, el análisis, el seguimiento, y la asesoría a las mujeres políticas a los fines de impulsar y fortalecer sus liderazgos para dejar atrás, de una buena vez, su estatus de segundas en la política. Creemos que la sensibilización de género en todas las esferas de la sociedad venezolana es posible a través de la concientización. Por esta razón, nuestra campaña comunicacional la “Segunda en la Política ” tiene como eje central este objetivo. 

Finalmente, consideramos que el enfoque transversal de género presente en nuestra constitución no garantiza la erradicación de la cultura patriarcal aún presente y persistente en nuestras instituciones y en todos los ámbitos de nuestra sociedad. Sin embargo, representa la apertura de un camino de oportunidades para el surgimiento de más lideresas políticas y más femócratas con perspectiva de género que mantengan la sinergia con el activismo feminista y alcancen, de esta forma, mayores logros normativos.  

 

REFERENCIAS

Aguirrezabal, I. (12 de septiembre de 2020) Guía Estratégica: Empoderamiento político de las mujeres: marco para una acción estratégica en América Latina y el Caribe (2014-2017) [Archivo PDF]. ONU MUJERES

https://www.unwomen.org/es/digital-library/publications/2014/9/empoderamiento-politico-de-las-mujeres

 

Espina, G., y Rakowski, C. (2002). ¿Movimiento de mujeres o mujeres en movimiento? El caso Venezuela. Cuadernos del Cendes, Volumen 49 (49), http://ve.scielo.org/scielo.php?pid=S1012-25082002000100003&script=sci_arttext     

Garcia Prince, E. (2012). La participacion política de las mujeres en Venezuela: Situación actual y estrategias para su ampliacion. [Archivo PDF]. Library.fes https://library.fes.de/pdf-files/bueros/caracas/09154.pdf